
El primer Argentina-Egipto terminó en una goleada histórica
RedacciónA casi un siglo de aquel inolvidable encuentro, Argentina y Egipto vuelven a verse las caras en una cita de máxima importancia. Sin embargo, el primer antecedente entre ambos seleccionados se remonta al 6 de junio de 1928, cuando la Albiceleste goleó 6-0 a los africanos en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam. En una época en la que todavía no existía la Copa del Mundo, ese duelo quedó grabado como uno de los grandes capítulos del fútbol argentino.
El contexto era completamente diferente al actual. Los futbolistas eran amateurs, los viajes se realizaban en barco y la delegación argentina tardó tres semanas en llegar a Europa para competir. Aquella Selección, integrada por jugadores que además trabajaban en distintos oficios, llegaba con la ilusión de conquistar la medalla de oro tras consagrarse campeona sudamericana en 1927.
La gran figura de aquella tarde fue Domingo "Tarasca" Tarascone, uno de los primeros ídolos de Boca Juniors, quien marcó tres goles en la goleada y terminó como máximo artillero del torneo con 11 conquistas, un récord olímpico que se mantuvo vigente durante más de tres décadas. Aunque el resultado reflejó una amplia diferencia, las crónicas de la época destacan que Egipto complicó durante varios pasajes del encuentro y que el arquero argentino Octavio Díaz fue clave para sostener el arco en cero.
Gracias a ese contundente triunfo, Argentina accedió a la final olímpica y aseguró, al menos, la medalla de plata. Sin embargo, el sueño del oro se escapó frente a Uruguay, que necesitó dos finales para imponerse, ya que el primer partido terminó igualado y en ese tiempo todavía no existían las definiciones por penales. Pese a la derrota, aquella campaña marcó el nacimiento de una generación que sentó las bases del prestigio internacional del fútbol argentino.
La historia también guarda una curiosidad fuera de la cancha. Tarascone era amigo de Carlos Gardel, quien incluso lo inmortalizó en la letra del tango Patadura. Hoy, con un fútbol dominado por los vuelos privados, las grandes figuras y la tecnología, resulta difícil imaginar aquella travesía de tres semanas en barco y a un delantero que alternaba sus goles con su trabajo cotidiano. Pero fue justamente en ese escenario donde nació el primer capítulo de una rivalidad que, 98 años después, vuelve a escribir una nueva página.





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